miércoles, 22 de junio de 2011

NI ME CAYO, NI ME VOY!!!

A punto de cerrar Jornada Boitel y Zapata Viven con otra víctima mortal.

Era la mañana del 25 de mayo,la Jornada Boitely Zapata viven había iniciado con un exitoso cacerolazo nacional y continuado con  importantes marchas y protestas a lo largo y ancho del país. Ese día, para el cierre habíamos acordado en Placetas realizar una marcha pacífica, pero esta vez caminaríamos por parejas y con la ropa puesta al revés, en señal de duelo y protesta: Idania con Yris, Rafael Leiva con Alexei Puertos Gómez; Yaimara Reyes con Jonniel Rodríguez Riverol; Donaida Pérez Paseiros con Loreto Hernández García, y Alcides Rivera Rodríguez conmigo. Salimos de la casa con el propósito de caminar en protesta por las calles más céntricas de la ciudad de una a dos horas y regresar a mi casa.
Alcides (esposo de Idania) y yo, apenas llegamos a los 200 metrosde recorrido, tomamos la calle Segunda del Este y frente al mismo estadio de béisbol fuimos interceptados, por el conocido represor mayor y segundo jefe de la unidad provincial de enfrentamiento Oilisab, quien acompañado de otros matones de ese cuerpo de asalto y represión nos cerró el paso. Cuando llegamos a la unidad policial en Placetas vimos como corpulentos uniformados arrastraban a Idania y la llevaban para un calabozo y escuchamos los insultos y groseras amenazas de el mayor Deris Velis “La Pesista” contra ellas. Aun no habíamos visto a Yris, pero presentíamos que contra ella también había habido represión y violencia.
Una vez en las celdas nos llamó la atención el silencio de Yris que siempre en los arrestos grita ¡vivan los derechos humanos! y otras consignas.
—-Yris no puede hablar por el golpe que le dieron en la cabeza —-me respondió Idania cuando las llamé desde mi celda. Al ratico insistimos e Idania nos responde lo mismo.
Estaba ya algo acostumbrado a verla, mejor dicho, a saberla y escucharla inconciente  y al borde de la muerte con crisis de hipoglucemia durante los arrestos equivalentes a huelgas de hambre y sed que siempre ha sido postura en cada una de las detenciones, pero ya un golpe en la cabeza de tal magnitud que le impidiera responderme o gritar como es su costumbre; era bastante preocupante y teniendo en cuenta sus limitaciones al estar entre rejas por obra y gracia de los mismos que la golpearon.
Mientras tanto la situación de Yris se tensaba ante su digna negativa de que no le preguntaran lo que se sentía: —-Ustedes saben bien que me dieron un golpe en la cabeza, por esa y ninguna otra razón es la que tengo los pies y manos acalambradas, el mareo, la vista nublada y el dolor.—-
—- Antúnez, Antúnez—- me llamó desesperada Idania desde la celda— Hay que hacer algo, ya Yris esta inmóvil y dejó de hablar.—- En eso llegaron los verdugos corriendo. Tan mal la vieron que optaron por abrir la puerta de mi celda y llevarme donde ella.
Apenas la observé sabía que estaba muy mal, los ojos vidriosos y fijos, no podía sostener la cabeza, pero en su inconsciente reflejaba aun su postura rebelde y contestataria. El joven médico militar que enviaron por ella,  con deliberada maniobra de entretenimiento y por supuesto a dictaminar si podían o no postergar su confinamiento, se le encendió su chispa y poniendo su criterio médico ante los represores respondía asustado a las presiones: —-Hay que llevarla al hospital, miren como tiene la vista fija, el cuerpo rígido y la temperatura corporal muy baja.—- En medio de la polémica Idania se percata de que Yris perdió la conciencia y sus signos vitales apenas existían.
Abrazada al inmóvil cuerpo  gritaba idania —-Yris, Yris reacciona.—-
 Yo, acostumbrado a ver tantos crímenes solo una idea fija se apodero de mí, y después de abrazarla y besarla, salí de aquella celda gritando: —-Me la han asesinado, ustedes la mataron. Alcides Yris está muerta la mataron.—- Casi en las afueras de la unidad me interceptan los militares en turbas-
—–Antúnez, ella todavía está viva.
—–Pues tienen que dejarme ir con ella al hospital, así que vayan buscando a un oficial de la Seguridad del Estado porque yo estoy al igual que ella preso injustamente.
En eso llegó nada más y nada menos que el mayor y jefe de la Seguridad del Estado del municipio Deris Velis “La Pesista”, quien además fue quien más la golpeo quien con una mezcla de prepotencia y satisfacción en su rostro me dijo.—- Está bien Antúnez, cálmate, cálmate, si tu quieres ir con ella al hospital lo primero que tienes que hacer es ponerte esa ropa al derecho y yo valoro las cosas.
-No cedo ante presiones—- fue mi única respuesta y regrese a mi celda. Tremendo acopio de calma tuve que hacer para ver partir a mi esposa sola e inconciente con esos asesinos, y sin saber si volvería a verla. Pero no podía ceder como tampoco lo hice cuando la muerte de mi madre cuando  entre otras condiciones trataron de imponerme, la de que vistiera el uniforme de preso común. Así enjaulado en aquella celda que me aprisionaba, solo me restaba esperar y dejar las cosas en manos de Dios.—- Una de las cosas que más me molesta y duele, es que nadie salvo nosotros tres sabemos de la situación de Yris y que está golpeada, si le llega a pasar lo peor esta gente cuenta con el suficiente tiempo para preparar su coartada, y nosotros aquí presos y sin poder hacer nada. Tal vez alguien la ve entrar al hospital acuérdate que en este pueblo casi todo el mundo nos conoce— intercambiaba o mejor dicho me desahogaba con Alcides en tan torturante espera.
Después de no se cuántas horas de expectativa, escuchamos unos gritos de mujeres propios de un forcejeo.—- Alcides, esa es la voz de Yris no puede ser. El inolvidable alivio que experimenté cuando la vi viva, chocó con la indignación de verla nuevamente golpeada y traída a la fuerza. ¿Hasta donde puede llegar tanta maldad? Al rato, vemos llegar tambien golpeadas y por la fuerza a sus hermanas del Rosa Parks Donaida y Yaimara, a quienes una llamada anónima las había alertado de que Yris estaba inconciente y con una crisis hipoglucémica en el hospital. Puede que la llamada haya sido de alguien con las mejores de las intenciones, pero tambien cabe la posibilidad que ante el peligro que transitó su vida ellos hicieron correr ese rumor, no es lo mismo una muerte por hipoglucemia que por un golpe.
—-Ahorita tienen que soltarla, ella está mal de salud y con ese golpe y sus padecimientos de seguro ellos no se arriesgaran a tenerla en la celda—- coincidíamos Alcides y yo. Pero al rato, ocurrió lo inesperado. Llaman primero a Idania y Alcides a quienes después de esposar a la espalda montan en un carro de la triste celebre brigada especial, luego van por Yris. La van a soltar pienso ingenuamente.
—— Jorge Luis me estan esposando. ¡Abajo Fidel! Me siento bien mal, estoy muy mareada y las extremidades se me estan entumiendo estoy perdiendo el equilibrio. Ya sabes, estoy todavía viva pero donde quiera que me lleven y como siempre he hecho me mantendré en  huelga de hambre total, ni agua.
Seguro que la llevan para la casa pensaba aún. No pude saberlo, pues minutos después vienen por Donaida y Yaimara. Cuando se van ellas, me doy cuenta que soy el único detenido, arrestado en ese lugar, y enseguida reflexioné el por qué: Los de la represiva política fieles a su mentalidad de odio y saña enfermiza sabían de mi preocupación y desespero por la situación de Yris, por lo que dejarme allí solo  e incomunicado totalmente de todo y de todos serviría para aumentar severamente mi estrés. Entonces opté por mantener la calma, ya al menos habíamos varios testigos para testificar que lo de Yris fue un golpe y de los maltratos.
Paso ese día, el otro y el siguiente con la debilidad propia de un estado total de inanición y la huelga de palabras contra los militares. Los hacia sentir mal. Sabían que debía estar sumamente  preocupado por Yris, pero no se los dije, solo cuando me indagaban si iba a comer o beber agua que les respondía —-Hasta que no vea viva a mi esposa—- o cuando me preguntaban porqué no comía ni tomaba agua que les respondía —-Porque no se si mi esposa come o bebe.—-
El día 27 cuando ya estaba bastante debilitado me llaman, no me dicen que es para soltarme. No les convenía. Su intriga y misterio era parte de su estrategia torturante, es como todo aquel que tiene un familiar o amigo muy  enfermo que cuando le llaman piensa que es para darle una mala noticia. Me montaron al carro patrulla y cuando este había avanzado dos cuadras, es que lavo de Línea me dice: —-Antúnez vas para tu casa, sabes que allí tienes a mucha gente. Ya Yris viene en camino, no se desesperen que tú sabes que de Santa Clara a aquí, no es tan cerca.—- A tanto cinismo, nada respondí. Al llegar a casa. Mi pregunta fue, —- ¿Qué saben de Yris esta viva o muerta?—-Ellos no sabían qué responder, y en esos precisos momentos estaban ultimando detalles para salir en grupos a la unidad. Me impresionó sobremanera la organización entre los activistas en casa. Se habían tomado todas las medidas para mantener la información, responsabilidad en que Adriano Castañeda, Rafael Leyva y Loreto Hernández desempeñaron con asombroso profesionalismo y ecuanimidad. La seguridad hizo todo cuanto pudo para romper la protesta; provocar a los que permanecían en mi casa y éstos arrastrados por la emoción fueran todos para la unidad y de esa forma no hubiera quien informara sobre la situación de los desaparecidos y sobre todo de Yris. Pero nadie se dejo provocar.
Después de más de una hora de torturante espera apareció una patrulla y bajó a Yris en la esquina, no tuvieron el coraje de dejarla frente a la casa. Ante los tantos y fuertes  gritos y consignas, salieron asustados y cómo ratas chillando gomas.

2 comentarios:

  1. Me encanta Aimara Pérez ya lo siguiente será ver tus escritos...todavía sacaremos el Pulitzer que llevas dentro jajajaja besos y enhorabuena...

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  2. Felicitaciones. Cuenta conmigo...
    Mi admiración a tu tezón y tus trabajos

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