martes, 13 de marzo de 2012

Los viajes a Cuba, un negocio para las 'mulas' en el exilio


Hay gente dispuesta a alquilar sus maletas para llevar mercancías o dinero

Rui Ferreira | Miami
Actualizado martes 13/03/2012 08:45 horas

Una tarde de un sábado de marzo, Ada y Jorge están hablando por teléfono en un Starbucks de Miami. Su acento cubano se destaca por encima de los demás clientes, de este discreto café de la calle Ocho, la emblemática arteria que es ya un sinónimo del exilio cubano.

Sin embargo, no se encuentran en el corazón del barrio de los exiliados, sino en uno de sus extremos, en un café donde la clientela es mayormente estadounidense o de otros países latinoamericanos. Y tienen una razón para ser discretos, están hablando con alguien en Cuba y de algo que no cae muy bien en gran parte de la comunidad exiliada.

Están acordando un viaje a la isla comunista para visitar la familia que dejaron atrás hace año y medio y, de paso, llevarles la ayuda que tanto necesitan para tener una vida más llevadera.


'Es que no consigo trabajo y aquí hay muchas cuentas que pagar. Es la casa, el carro, la comida, la gasolina'

"Entonces quedamos en eso. Pantalones para los niños, zapatos para ustedes... ¿qué medida?... las medicinas de la abuela. Si, no te preocupes, que no se me olvida las camisetas del abuelo", dice Ada al desconocido familiar, mientras Jorge apunta todo en una hoja de papel.

Ada y Jorge, no son los nombres reales de esta pareja treintañera. Ellos piden no ser identificados por ELMUNDO.es porque tienen miedo de las criticas de vecinos y conocidos, que no están de acuerdo con estos viajes que, cada día son más populares.
Trabajar para ayudar a la familia

"La gente se 'berrea' con nosotros, no vale la pena buscar disgustos. Lo único que queremos aquí es trabajar para ayudar a la familia", explica Jorge. La pareja ha engrosado el número cada vez mayor de cubanos recién llegados que vuelven a la isla al poco tiempo de dejarla. Los cubanos que llegan a Estados Unidos lo hacen de dos formas. O viajan legalmente, con una visa de inmigrante, o llegan clandestinos y se acogen a la 'Ley de Ajuste Cubano', que les permite recibir la residencia permanente al año y un día de llegar.

Los primeros no tiene problemas en volver a su país cuando llegan. Las leyes migratorias estadounidenses no lo impiden e, incluso, pueden beneficiarse de los vuelos directos entre Miami y cinco ciudades cubanas.

Pero los segundos, como Ada y Jorge, una vez admitidos en el país tienen que esperar regularizar su situación migratoria, y recibir la residencia para entonces poder volver.

Pero muchos como ellos no lo hacen. Se van a la isla antes del año y el día de estancia, en gran parte porque las autoridades de inmigración estadounidenses no están prestando mucha atención a esas violaciones y se hacen de la vista gorda. "Volver es una necesidad. No hay otra opción. La situación allá está muy difícil y hay que ayudar a la familia. No basta con enviar dinero, también hay que enviar cosas que la gente necesita, que en Cuba son muy caras", explica Ada.
Exilio y regreso

No existen cifras exactas del número de cubanos que regresan a la isla después de llegar clandestinamente a Estados Unidos. Pero fuentes de agencias de viajes que venden los billetes de los vuelos charter, dijeron a ELMUNDO.es que de los 450.000 cubanoamericanos que fueron a Cuba el año 2011, al menos un tercio de ellos son personas que no esperaron el año y el día de permanencia en suelo estadounidense para hacerlo.

"Eso no se lo preguntamos a ellos. Si tienen su pasaporte cubano en regla, tiene el permiso de ingreso a Estados Unidos, les vendemos el boleto. Lo demás es un problema de inmigración", dijo Luisa Capote, empleada de una agencia de viajes. Desde que el exilio cubano es exilio, en los albores de los años 1960, el problema del regreso a ver la familia siempre existió. Durante dos décadas estuvo prohibido, el Gobierno cubano no quería tratos con los exiliados y las comunicaciones familiares se reducían a la correspondencia o el teléfono. Hasta que a fines de 1978, tras un acuerdo con líderes exiliados, comenzaron los viajes que se fueron ensanchando o contrayendo acorde al humor político de los dos bandos. Con los demócratas en la Casa Blanca fue fácil viajar, con los republicanos más difícil. Hasta que, cumpliendo una promesa electoral, el año 2010 el presidente Barack Obama levantó todas las restricciones y los viajes se hacen libremente.


'Lo único que queremos aquí es trabajar para ayudar a la familia'

Esto trajo como consecuencia el aumento brutal de los viajeros. De unos 100.000 anuales, llegamos a los 400.000 el año pasado. Y con ello, apareció un negocio jugoso, las mulas.

Son gente dispuesta a 'alquilar' el espacio de sus maletas para llevar mercancías y dinero, por cuenta de otras. Con ello, logran no sólo cubrir los gastos de su viaje como todavía les sobra dinero. Es un movimiento clandestino, técnicamente ilegal por la legislación de Cuba y Estados Unidos, pero al cual las autoridades de los dos países se hacen de la vista gorda.
'Hay que sobrevivir'

Es aquí donde, gente como Ada y Jorge entran en acción. Son 'mulas' profesionales y por ello, no quieren que se sepan sus nombres. Ada va a la isla cada dos a tres meses, su esposo que es el único con otro trabajo en Estados Unidos, fue dos veces el año pasado.

"Es que no consigo trabajo y aquí hay muchas cuentas que pagar. Es la casa, el carro, la comida, la gasolina, la electricidad... aquí se paga hasta el aire que uno respira", explica Ada. Su esposo asiente y agrega: "hay que sobrevivir, mi hermano".

Para el sector más radical del exilio, volver a Cuba mientras no exista allí una democracia, es una forma de rebajarse ante el Gobierno local. Es como una rendición. "Esa gente está conspirando con la tiranía, están ayudando al dictador y eso no lo podemos permitir", explica a ELMUNDO.es, Hermenegildo Suárez, un viejo exiliado, "de línea dura e intransigente", como le gusta definirse.

Gente como Suárez cree, además, que esos viajes sólo sirven para apuntalar financieramente al Gobierno cubano y ayudan a mantener la represión en la isla. "Hay que acabar con esta gente, si no son comunistas, los están ayudando a mantenerse en el poder. Así no vamos a tener democracia nunca", enfatiza. Es cierto que en el último año el trasiego de viajeros y mercancías por el aeropuerto de Miami ha adquirido visos que se pueden considerar escandalosos. Todos los días, en el aeropuerto amanece un fila de viajeros, con maletas cargadas de ropa, cajas con ordenadores y televisores de último modelo, piezas para reparar coches, y todo eso es despachado hacia La Habana, Santiago, Holguín o Camaguey.


"Es casi imposible acabar con esto. Si limitamos los vuelos directos, la gente seguirá en lo mismo, volando a través de un tercer país'

Algunos vuelos llevan tanta carga, que las agencias de viajes se han visto en la necesidad de contratar aviones cargueros solo para transportar la carga de estos viajeros. Los aviones cargueros despegan media hora antes de modo a que cuando los pasajeros lleguen a sus destinos, ya todo está allá.

Los líderes del exilio radical, llamado 'exilio histórico', no paran de quejarse de este estado de cosas en la radio local, incluso apelan a los políticos cubanoamericanos que han elegido para el Congreso en Washington a que pongan coto a la situación, pero realmente es poco lo que pueden hacer.

Hay varias razones para ello. Por un lado es obvio que las autoridades aduaneras no están muy preocupadas con el asunto, el ambiente político en Washington no está como para preocuparse con el asunto. Pero, por otro lado, muchas de estas 'mulas', porque no son solamente los recién llegados, también son electores y ellos necesitan de sus votos.

En medio de este dilema, congresistas como los republicanos Ileana Ros-Lehtinen o David Rivera, intentan acabar con la situación, presentando legislación que perseguiría estas situaciones en particular. Pero sus propuestas no despegan de la mesa, porque sus pares en Washington tiene otras cosas "más importantes" en que entretenerse.

"Es difícil, diría que casi imposible acabar con esto. Porque si limitamos los vuelos directos, la gente seguirá en lo mismo, volando a través de un tercer país", admite, con cierta reluctancia, un miembro del entorno de Ros-Lehtinen.

Mientras, Ada y Jorge siguen viajando sin problemas. Discretamente, para no alborotar a los amigos y conocidos, pero a todo vapor.

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