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sábado, 24 de noviembre de 2012

"Los espejuelos contrarrevolucionarios"



Que puede hacer una persona indefensa, detenida injustamente en una cárcel cubana con unos espejuelos puestos?.
Pues aunque no lo crean, a la esposa de Antonio Rodiles, ayer, le negaron pasarle unos "espejuelos" a el, despues que ellos mismos a base de patadas, empujones, golpes en la cara le rompieran otros. que de hecho para rematar dicho por testigos cuando cayeron al piso los pisotearon como para que no sirvieran nunca mas.

Todo es posible con una Dictadura asesina como la de los hermanos Castros, como creer que unos Gladiolos llevados de las manos de mujeres valientes vestidas de blanco pueda atentar contra la seguridad nacional, como tambien puede ser peligroso que normalmente tenga puestos "sus espejuelos", una persona dentro de la cárcel que tenga una visión diferente a ellos.

Antonio Rodiles, necesita sus espejuelos, es verdad, pero mas que ello, necesita su libertad!!... aunque pensandolo bien.. hay un detalle que se les escapó de las manos.. Rodiles no necesita espejuelos, lo que ellos quieren evitar que el vea  YA LO VIO HACE MUCHO TIEMPO, PARA VER LA TRISTE Y DURA REALIDAD CUBANA, NO SE NECESITAN "ESPEJUELOS".

Aimara Pérez

martes, 13 de noviembre de 2012

La Contra Inteligencia (1era Parte).



Nuestra adolescencia estuvo fertilizada con las novelas y series de televisión que nos marcaron nuestra estética y personalidades. Cuantas veces nos pasamos las novelas “Aquí las arenas son más limpias”, “Y si muero mañana”, o la serie “En silencio ha tenido que ser”, la mayoría disfrutamos aquellas fantasías de héroes socialistas que guiados por la Contrainteligencia cubana lograban burlar a sus enemigos.
Con el tiempo se han convertido en bodrios de la fantasía socialista y los jóvenes de hoy los consideran pésimas obras literarias por su contenido insustancial o poco verosímil.
El jueves pasado, 8 de noviembre, fuimos a presentarles nuestros respetos a los padres de Antonio Rodiles, ancianos que rondan los noventa años, y por cierto, sus cómplices y compañeros más directos en sus ideales ideológicos. También queríamos exigir las liberaciones de los abogados detenidos injustamente Laritza, Yaremis, Vaizant,….. Llegamos a la unidad policial de Acosta, y se encontraban junto al abogado independiente Wilfredo Vallín, en las oficinas de dicho cuartel.
Al salir nos explicaron la negativa de mostrarlo, lo que infería alguna golpiza propinada al detenido y por eso lo escondían.

No pudimos quedar pusilánimes ante el abuso

Nos mantuvimos frente a la unidad policial, llegamos a ser, si mal no recuerdo siete activistas por los derechos humanos, o blogueros, opositores, como quieran llamarnos, entre ellos Yoanis Sánchez, por supuesto, Claudio el fotógrafo profesional, Eugenio Leal, entre otros. Lo cierto es que nos encontrábamos allí porque nos dolía saber que había un inocente sufriendo en las mazmorras castristas.
Ya el operativo estaba cerrado. Cerca de nosotros se encontraban un grupo de “civiles”, militares que conocemos su afán de reprimir. Estamos conscientes que nuestros abusadores se encontraban apenas a tres metros de nosotros. A veces los miraba fijamente para desentrañar sus anhelos, sueños, fantasías, pero su imagen delincuencial me impedía lograrlo. Le aseguro que nos reímos, o quizá fue una risa de lástima por ellos.
Alguien avisó que en la esquina estaban deteniendo a los que deseaban ingresar al grupo. Comenzaron a introducirlo a la fuerza en el auto patrullero, y iniciaron una golpiza como de costumbre. Estamos aproximadamente a cien metros del hecho, y en la distancia, quizá por el miedo y el cariño, pensamos que era Orlando Luis Pardo. No podríamos mentir si no decimos que nos quedamos unos segundos inmóviles, todos sabíamos lo que significaba acercarnos, sin orden de salida, corrimos al unísono, recuerdo que Yoanis iba como una madre cuando le roban sus cachorros y ya había olvidado las palabras de Reinaldo Escobar, su esposo, cuando le dijo antes de despedirse que se cuidara, también de las caricias de su hijo que quizá no tendría el abrazo a su regreso de la escuela.
Lo cierto fue que ella llegó pidiendo explicación del por qué lo detenían y golpeaban. En medio del asedio, me puse a observar su valor desmedido y en un segundo le abrió la puerta del patrullero donde tenían apresados a los dos activistas, y quiso introducir su cuerpo dentro del auto. Hubo un momento que me asusté porque sus pies quedaron debajo de las gomas traseras y comenzaron a moverse. Pero ellos la halaron, empujaron. Yoanis se le encaraba a los policías y su valor los minimizaba. Luego llegó una oficial chusma que deseaba provocarla, desafiarla. Y la inteligencia de Yoanis fue decirle de qué solar había salido ella que no tenía compostura con aquella chusmería. Me encontraba justo al lado de Yoanis y pude verle los ojos a la oficial, y la vi desarmada, si un ápice de vergüenza tuvo increíblemente le salió contra su voluntad porque la vi apagada, noqueada sin haber comenzado el round. Y Yoanis, que sabía que aquella no era su peso ideológico ni en principios, le dio la espalda.

Cuando llegó la orden de apresarnos

Entonces escuchamos cuando dijeron dieron la orden de apresarnos. Nos empujaron, nos separamos. Busqué a mi alrededor mientras me apresaban y vi a Claudio dentro de un auto patrullero, a Eugenio lo llevaban maniatado y a Yoanis también, hasta que la montaron en una patrulla.
Cuando llegué al auto patrullero accedí. Considero que no éramos una fuerza de resistencia, sino de conciencia, de justicia, y el desorden no lo habíamos originado nosotros. Cuando me fueron a sentar en el auto, alguien detrás de mí dijo “entra anda”, y un puñetazo dio en mi nuca, sin pensarlo devolví el golpe, y fueron desvastadores, como si les hubiera propinado la mayor ofensa, o solo aquella horda de anormales estuvieran esperando una ínfima chispa para que explotara su cobarde y anormal violencia. Era como si estuvieran esperando el silbato de salida para comenzar su cobardía.
Nunca imaginé que aquello podrían grabarlo, ya ustedes vieron la paliza que me dieron. Aún no he visto el video, ya saben que youtube desde Cuba, como los demás, es imposible. Los golpes que más dolieron fue del que abrió la puerta trasera derecha, sus golpes eran como patadas de bestia, lo que son, en mi cabeza, por un momento pensé que me haría fractura de cráneo, fueron tanto y tan fuerte que los golpes de los otros me propinaban por las costillas, pecho y piernas dejaron de ser importantes. De esos golpes, no sé si con una sortija, una manopla, pero fueron tan contundentes que me partieron la cabeza, el labio, y como un aviso urgente de mi estado aún consciente de salvación personal, que decidí levantarme y volver a salir del auto.
No voy a describir más lo que pueden observar en video. Pero un detalle que quizá no se observe es que al salir un oficial que estaba a mí espalda, alardeando de “tú verás si él se acoteja ahora”, me apretó con su brazo por el cuello hasta que comencé a sentir la fatiga de la falta de aire, lo hizo con tanta fuerza que pensé que desprendería mi cabeza del resto del cuerpo.
Me condujeron a otro auto patrullero para llevarnos al patio de la estación policial. Miré hacia los otros autos y permanecían como yo a la espera. A Yoanis le sentaron una mujer al lado vestida de civil. Luego me cambiaron de auto y me sentaron al lado de Eugenio. Dieron la voz de salir de la unidad “vamos de aquí, hay que salir de aquí”, pero lo dijeron con terror. Creo que temían que llegaran más activistas o que la población que había observado comenzara a moverse hasta la entrada de la unidad.

Comienza la travesía

Era una hilera de patrullas guiadas por el Jefe del Operativo que iban en un lada verde con chapa amarilla. Al final iba una guagüita roja con más sicarios. Iban sin rumbo, hablando por los celulares, por eso infiero que se les fue de la mano el operativo. Yoanis iba todo el tiempo haciendo señales de libertad, de Victoria, y los transeúntes la miraban sin entender mucho, esa huerfanidad de conciencia que tiene en su mayoría la población cubana, cubierta con una máscara de ingenuidad y miedo. Llegamos a la monumental, lugar ideal para masacrarnos y dejar tirados en la cuneta. No habían testigos presenciales.
Detuvieron la fila de autos, eran cerca de nueve. Inmediatamente le sentaron a Yoanis dos mujeres uniformadas tan inmensas que apenas le dejaban espacio. Nos fueron registrando, tomando nuestra documentación. Cuando llegó mi turno el Jefe del Operativo después de poner de pie con los brazos esposados, sentía el metal de las esposas en los huesos. Pero cada vez que miraba a Yoanis con aquella hidalguía las fuerzas se me multiplicaban.
El Jefe del Operativo comenzó a golpearme con su bota para que abriera las piernas para el cacheo, pero lo hacía con rabia, le grité que eso era lo mejor que sabían hacer, golpear a un hombre esposado, indefenso, que siempre hacían lo mismo. Eugenio gritó que no me dieran más, que la violencia era innecesaria. Mientras me registraba aproveché para decirle que las dictaduras de los años setenta en América tuvieron que esperar treinta años para hacer justicia, que ahora estaban ancianos y fueron juzgados. Que la violación de los Derechos Humanos no caduca y que algún día tenían que pagar sus desmanes. Me gritó “cuando yo pague ya tu lo hiciste”. Supuse que decía que yo iba a sufrir primero que él. Me dijo “parece que no te basta los cinco años que te vamos a echar por el juicio de hace poco”. Le dije, claro, los jueces son ustedes, aquello solo fue un teatro y ustedes desde antes ya tenían la sanción. Pero no importa, aquí hay cuerpo y valor para enfrentarlo, le dije. “Sí, yo sé que tú eres valiente”, me dijo irónico. No soy valiente, pero tampoco lo cobarde que son ustedes que golpean en grupo porque tienen miedo hacerlo solo.
Cuando recibieron la orden ya teníamos destinos. Nos repartieron por la ciudad. A Eugenio y a mí nos enviaron para Santiago de las Vegas. Allí me llevaron al hospital porque el calabocero no quiso recibirme en aquel estado precario. Los dolores de las costillas perecían agujas lacerantes, y la sangre sobre mí saliendo de mi boca y mi cabeza los asustaba, más la inflamación de un labio y un pómulo.
Aproveché para avisar a los amigos que estábamos detenidos en Santiago de las Vegas. Al regreso a la unidad me llevaron a mi respectivo calabozo. Antes de entrar vi a Eugenio tras la reja y a Veizant, el abogado que siguió esta cadena de injusticia cuando como abogado y esposo fue a preguntar por la abogada Yeremis. Nos hicimos un saludo con un ademán de cabeza y les aseguré que para mí era un honor compartir aquellos calabozos con ellos. Luego me dijo que estaba preocupado por su hija, pues como sus padres estaba preso no sabían quién se había hecho cargo de la niña, estaba muy preocupado y como a todos, le habían negado la llamada que por ley nos toca a cada detenido en las primeras 24 horas.
Cerca de la media noche me sacaron. Pensé que sería para alguna entrevista. Entonces me devolvieron las prendas de vestir, me anunciaban que me iría de libertad. Para mí significó una humillación, sacarme, alejarme del destino de mis compañeros era lo peor que podían hacerme. Le rogué al calabocero que me dejara regresar e informara que me negaba. Se lo dije varias veces y me dijo que eso era imposible. Estaba muy triste, no sabía cómo enfrentar aquel desprecio, al menos así lo veía.
En la puerta de la unidad el Oficial de Guardia me entregó el carné de identidad. La calle estaba desolada, como es costumbre en los pueblos de campo. Pregunté a un transeúnte cómo se podía alquilar un auto y me señaló. Avancé doscientos metros y vi un teléfono. Llamé a dos personas, mientras converso veo salir de la oscuridad a dos oficiales que me dicen que tengo que regresar. “¿Tú no querías quedarte? Te vamos a complacer”.
Colgué el teléfono no sin antes informar lo que estaba sucediendo. Mis interlocutores no entendían nada lo que estaba sucediendo. A Kafka y Virgilio Piñera se le hubiera hecho difícil imaginarlo. En mi aturdimiento tampoco entendía, pero me hacía feliz el que me llevaran de vuelta.
En la entrada de los calabozos, después de quitarme los cordones y las prendas, me llevaron a un cuartico donde estaba el Oficial del Operativo que me golpeó por los tobillos. Después de sentarme me puso las esposas y con parsimonia sacó la pistola, rastrilló y la puso sobre mi cabeza, sentía el peso del metal sobre mi cráneo que acrecentaba los dolores por los golpes antes recibidos. Aquellos segundos fueron los más largos de mi vida. No sé cómo ni de dónde saqué las palabras: en algún momento tendrás que pagarme. Pasaron otros segundos en silencio y me respondió “es verdad, mejor espero que estés en la calle y te doy un martillazo en la cabeza y queda como que te asaltaron para robarte”. Me quitó las esposas y me empujó hacia afuera para que el calabocero me llevara para la celda. Afuera estaba un activista que también tomaron detenido y que soltarían. Y me dijo sobre la pistola en su cabeza y el martillazo, a él también le habían hecho aquella escena de Alfred Hitchcock.
Le expliqué a los otros lo que había ocurrido y nadie entendía a ciencia cierta para qué me habían dejado llegar a la calle. Eugenio dijo que ellos estaban enfermos, era una aberración, y lo hacían para desestabilizarme sicológicamente.
Al rato llamaron a Veizant a una entrevista para decirle que lo liberarían y que su esposa Yaremis estaba siendo proceda en el DTI en 100 y aldabó por un post que había escrito y que según ellos ella mentía.
Eugenio y yo estábamos felices porque eran dos menos en aquella injusticia y así Veizant podría atender a su hija que seguro estaba llorosa por sus padres. Los dolores del cuerpo se iban agudizando en la medida que los nervios se distendían. Eugenio y yo nos pasamos la noche hablando de justicia, historia y masonería.
En la mañana liberaron a Eugenio. Nos abrazamos se fué…. la soledad es el peor enemigo, aunque lo prefiero así que con mis compañeros detenidos. Al medio día vinieron a buscarme cuatro militares. Me dijeron que saliera de la celda. Pregunté que a dónde me llevarían. “A donde nos de la gana”, respondieron.
Cuando lentamente, por los dolores, sobre todo en las costillas, hacía un gesto para levantarme, ellos quisieron alarme, y me negué, dije que no me tocaran, y no esperaron, me halaron por los pelos hacia el exterior mientras me volvían a patear. Se lanzaron sobre mí como si fuera aquella “pilita” que hacíamos de niño, solo que yo era el de abajo, me pusieron una bota en el pecho, luego la rodilla, otro me golpeaba por el mismo lateral lastimado, lo hacía con saña. Le grité que me diera por el otro lado porque esas ya estaban partidas, y eso le dio más ganas, “quién te manda a no obedecer”, me dijo, y continuó. Hicieron esa manía de apretar las esposas y encajarlas en la piel que te cortan hasta la respiración.
Me llevaron a toda prisa por el medio de la ciudad, se llevaban los semáforos e iban haciendo zigzag entre los ómnibus y autos. En pocos minutos estábamos en el cuartel de Aguilera.
¡Qué nombre tan injusto para nuestro Vicepresidente del Gobierno en Armas!.

Ángel Santiesteban-Prats


sábado, 10 de noviembre de 2012




ANTONIO RODILES, ANGEL SANTIESTEBAN-PRATS Y CLAUDIO FUENTES,
EN TOTAL HUELGA DE HAMBRE Y SED, ELLOS NECESITAN DE NUESTRA  SOLIDARIDAD.

                    CUBA ESTA SOLA, PERO ELLOS NO!!!!!!!


viernes, 2 de noviembre de 2012

La soledad del desierto

  El lunes pasado, finalmente, decidieron efectuar la vista pública de mi caso después de tres años de continuas torturas, falsas investigaciones, luego que la Fiscalía retirara más de cinco cargos que llegaban a la exorbitante suma de 54 años de cárcel --los que aún con varias acusaciones añadían otros treinta años más, por lo que la suma total se acercaría a los noventa años de reclusión para mi persona--, pero alguna mano poderosa decidió desestimarlos, porque comprendieron que no lograban su propósito de atemorizarme y detener el blog: loshijosquenadiequiso.blogspot.com, y, también, porque ante la opinión internacional hacían el ridículo.
El juicio lo hicieron en la sala especial del Tribunal de la barriada de la Víbora (no es casualidad el nombre del reptil), dispuesta para “connotados contrarrevolucionarios”; allí le hicieron las vistas a Sebastián, el español que cumplió varios años injustamente, a los setenta y cinco, inocentes también, y, hace poco, al contratista norteamericano Alan Gross que cumple injusta prisión en Cuba.
Desde que llegamos al tribunal ya los miembros de la “Seguridad del Estado” habían montado por los alrededores, en mi honor, un despliegue peliculero al estilo de los regímenes totalitarios. Habían estacionado autos oficiales de la policía y algunos encubiertos en todas las intercepciones que rodeaban la zona. También tenían listas las famosas turbas paramilitares, el supuesto “pueblo enardecido”, que lanzan encima de las Damas de Blanco y el resto de los opositores, los que, según la versión oficialista, “acuden espontáneamente a los actos de repudio”, y que nos mantenían la mirada fría, rebosante de odio, como los perros de presa de los rancheadores, dispuestos a saltar sobre el Cimarrón a una orden del amo.
Como se esperaba, la Fiscalía no presentó ninguna prueba contundente o verosímil, se limitó a exponer una palabrería hueca, carente las más mínima credibilidad. La parte risible fue cuando la perito, Teniente Coronel, aseguró que, por las pruebas caligráficas, yo era culpable, por el estúpido detalle del tamaño y la inclinación de mi escritura. Mi abogado le preguntó que si la pericial era una hipótesis, un diagnóstico; a lo que la oficial respondió que era seguro 100 % que yo era culpable y que no había margen de error. Esa fue la “prueba” que presentó la Fiscalía, y, por ese motivo, mantuvo la petición de seis años de cárcel. Es decir que: ¿voy a ser culpable sólo por algo tan vago e impreciso como el tamaño y la inclinación de mi caligrafía? Creo que seré el primer escritor acusado en la historia de la humanidad por escribir con “cierta” inclinación, y dibujar mis letras de un tamaño muy sospechoso.
Sin embargo, por parte de la Defensa se presentaron una variedad de testigos que aseguraban mi inocencia en cuanto a los falsos cargos que se presentaron en mi contra. Se demostró, además de la falta de literatura de la perito, errores de estructura, de forma y de hecho en las acusaciones, y se desnudó las falsas estrategias de la Fiscalía, y su búsqueda fallida al intentar atrapar a un inocente que había demostrado con creces su inocencia en cuanto a las acusaciones en su contra. También se mencionó una serie de autores que científicamente demuestran que las pruebas caligráficas no son una ciencia segura, y que sus resultados no pueden usarse como pruebas “inequívocas”, por el amplio margen de error que existe en cada diagnosticado.
Según los amigos que presenciaron la vista, algunos de ellos abogados, ex jueces, y ex fiscales, me dijeron que era una vergüenza que la Fiscalía presentara aquella farsa tan evidente, y que, con seguridad, era indiscutible que se había demostrado que los cargos presentados contra mí, no tenían ninguna seriedad. Pero, algunos me aseguraron que, antes de comenzar el juicio ya estaba tomada la decisión, que el veredicto no lo toman los jueces cuando existe, como en mi caso, un criterio político que es el que decide mi inocencia o no.
También asistió una representación de la “Unión de Escritores y Artista de Cuba” (UNEAC), y la jurídica que representa esa institución, quien permaneció en el juicio, y aseguró que, desde su punto de vista, debían, sin lugar a dudas, dictaminar mi absolución.
Finalmente la vista terminó conclusa para sentencia, que dictaminará la Jueza en los próximos días, no sin antes advertirme que si no quedaba conforme con su dictamen, que tendría diez días para la apelación.
Insisto, como inocente, que no aceptaré ni cinco pesos de multa, que el tiempo de condena en prisión que se disponga, lo cumpliré, desde el primer día, en huelga de hambre.
Al salir del tribunal, uno de los agentes de la “Seguridad del Estado”, informaba por celular que no hacía falta que enviaran a más nadie, ya que no sucedió lo esperado, que todo estaba en orden y en plena tranquilidad, que no se habían cometido “indisciplinas”.
No quise darles el gusto de maltratar a los que deseaban ir a reclamar justicia por mí, y demostrar su inconformidad por los abusos gubernamentales a los opositores al régimen. Se quedaron esperando alguna “indisciplina” para golpearnos. De todas formas nos vieron marchar y sus miradas herían nuestras espaldas.
Ahora suceden las horas de espera por una sentencia, que será dictada en contra de la honesta decisión de un cubano de informar al mundo, a través de su blog, los atropellos que comete el régimen cubano.
Ángel Santiesteban-Prats

lunes, 22 de octubre de 2012

Votar: ejercicio deportivo


Los ciudadanos de Cuba no deberían votar en las elecciones próximas, sino botar al dictador del poder. Se han instaurado en el Gobierno por más de cincuenta años, cada minuto que trascurre es una aberración para los cubanos. El tirano finge ser Presidente electo y el pueblo aparenta haber nominado al mandatario. Es un juego que pasará a la historia como el más extenso fraude de todos los tiempos. En algún momento el libro de los record así lo recogerá.
Mientras, seguimos soportando la falta de total democracia en las elecciones donde al final de los elegidos oficiales, luego de ir descartando aquellos que no provienen de las filas del Partido Comunista ni profesan la aceptación de su dictadura, hay un solo elegible que es Raúl Castro, el lugar que antes ocupó su hermano Fidel.
Entonces el pueblo acudirá como carneros al fraude nacional y simulará estar comprometido con el proceso, y no es por otra consecuencia que el miedo a perder lo poco que han amasado, como la casa y el trabajo, aquello que le permite una subsistencia mísera y apegada a la ilegalidad.
Miles de jóvenes votarán por primera vez, y luego de preguntarle cuál es su criterio sobre la acción del voto, la mayoría quedan callados, no tienen idea de su voluntad real, para otros es portarse bien, clasificar para poder continuar los estudios, no echarse los ojos de los chivatos de su comunidad, y luego la visita del Jefe de Sector por desafecto, en definitiva, evitar ser puesto en el libro negro.
Mañana, un año más sin luz para una Cuba que lleva de apagón democrático casi un siglo.

Ángel Santiesteban-Prats
Blog: loshijosquenadiequiso.blogspot.com

"En Concierto con Marisela Verena"




Este sábado pasado, tuve la dicha de ir al concierto en el teatro "Manuel Artime" de la espectacular y cubanísima "Marisela Verena". Nunca imaginé lo mucho que me iba a gustar y devertir, no sólo por su voz y sus canciones, incluyendo sus letras, si no por su gran sentido del humor. La noche estuvo cargada de una gran mezcla de melancolía y risas. Sus canciones te transporta a Cuba, te llevan de la mano a volver a sentir tu isla en tu interior, pero también te mantiene toda la noche con una sonrisa eterna.

También estuvieron presentes Maria Elvira Salazar, Adrián Mesa (quien compartió escenario con Marisela), "Nenita", que dicho sea de paso se sentó a mi lado, que también me hizo reir.

Con tada confianza, la próxima vez que vuelva a cantar Marisela Verena, se los recomiendo, no se la pierdan.

Quiero hacer más extenso todavía mis agradecimientos a Rosy Saavedra y Maribel García "Senales Production', quienes estuvieron a cargo de promover y organizar todo, por haberme fascilitado la entrada, pero la próxima vez que Marisela cante, no me lo pierdo y ésta vez si pagaré mi entrada porque vale la pena.

Aimara Pérez.



martes, 9 de octubre de 2012

"No hubo fraude.. que se sepa bien".

Ok, esta fueron las palabras dichas por Henrique Capriles en la noche de hoy, Octubre/8/2012, un dia despues de las elecciones en Venezuela.
Sea lo que sea "mentira o verdad', me retiro. Trate de dar todo, (como suelo hacer cuando creo que vale la pena), para que no se repitiera la misma historia, "la triste historia cubana" y ya veo que las espectativas no se cumplieron.

Si es verdad que hubo fraude, ya no hay nada que hacer.. el propio "lider' lo desmiente.

Y, si no lo hubo... pues.. mucho menos hay que hacer, los propios venezolanos (al menos el 54 %) decidieron su destruccion, decidieron vivir para morir lentamente.

Hay algo que si me gustaria decirles a esos venezolanos que eligieron su historia (que los cubanos sabemos su final).
Que en la epoca que Fidel se sembro en el poder, no existia internet, celulares, no existia todos los medios que hay ahora para informarse y enterarse que es verdaderamente un regime dictatorial y hasta donde son capaces de llegar, es mas, todavia ustedes tienen acceso a la internet y pueden indagar a traves de ella la historia cubana.. pueden ver su triste final, asi que no se lamente luego.

Tuvieron en sus manos la "oportunidad", LA QUE NUNCA TUVIMOS NOSOTROS, LA LIBERTAD DE VOTAR, DE ESCOGER (alomejor por eso me entregue de corazon).

La vida no es sino una continua sucesión de oportunidades para sobrevivir..... y creo que le entregaron la llave de su vida.. AL SEPULTURERO CHAVEZ.

Que dios los cuide, proteja, libere y bendiga!!!!!!.

Aimara Perez.